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“Uso el Biomagnetismo para sanar a mis hijos”

por | Jun 15, 2018 | Historias Reales 2 | 0 Comentarios

Carlos Schafer, ingeniero civil Químico, terapeuta en Biomagnetismo y mentoring en manejo emocional, cuenta su experiencia como padre de Carolina, Paulina y Martín.

El ingeniero civil Químico, terapeuta en Biomagnetismo y mentoring en manejo emocional, cuenta a Mundo Papá su experiencia como padre de Carolina, Paulina y Martín en la siguiente columna.

 

Siempre he tratado de involucrarme en la crianza de mis hijos, desde que llegaron al mundo. Participé en el parto de los tres, entré al quirófano acompañando a Pamela, mi esposa, durante los nacimientos de ellos.

Los mejores recuerdos son del momento en que la enfermera me pasaba al bebé recién nacido en mis brazos. Es una conexión impresionante. Con Pamela hemos tenido tres hijos: Carolina, Paulina y Martín.

Y recuerdo que con todos ellos participé en cambiar pañales, hacer mamaderas y darles de comer cuando era necesario. Nos turnábamos para poder dormir mejor. Noche por medio me tocaba levantarme y atender al que estuviera llorando por leche, un vaso de agua o lo que fuera que necesitara.

De esa manera al menos nos asegurábamos Pamela y yo, de dormir más o menos bien una noche de dos. Digo más o menos porque si lloraba uno de los niños nos despertábamos los dos, sin embargo, el hecho que sólo uno de nosotros se levantara, hacía que el que no estaba de turno sintiera alivio, porque podía seguir descansando al menos un rato más.

Entre Carolina y Paulina, tuvimos dos pérdidas; fueron momentos muy dolorosos, episodios difíciles de recordar porque como padre uno siempre se preparar para la llegada de un hijo y una situación así deja un sabor muy amargo.

Nos sometimos a tratamiento los dos y luego de seis años desde el nacimiento de Carolina, llegó Paulina y tres años después nace Martín.

En los años siguientes al nacimiento de Martín, por mi trabajo tuve que viajar mucho por lo que perdí buena parte del crecimiento de los dos menores. No obstante, me las arreglaba para regalonear con ellos, aunque sea los fines de semana y el día de semana que podía.

Durante el año 2006 Pamela me habló de una terapia relativamente nueva que se llama Biomagnetismo. La acompañé a una sesión que le hicieron y enganché tanto con esa técnica, que me compré un juego de imanes, me conseguí el listado de dónde había que ponerlos para ciertas dolencias y comencé a jugar con ellos.

Lógicamente mis Conejillos de India fueron mi esposa y mis hijos. Para resfriados, golpes por caídas y otras afecciones típicas corría a ponerle imanes. Usaba el Biomagnetismo para sanarlos.

Recuerdo una oportunidad cuando Martín empezó a hacer una infección a la garganta con las amígdalas muy inflamadas, le puse los imanes en la noche y al día siguiente amaneció sin molestias, sólo un pequeño dolor al tragar. A los dos días ya estaba sano.

Otro recuerdo que está muy presente en mi memoria, por las decisiones que tomé después, fue cuando Paulina que en ese tiempo tenía 10 años recibió la picada de una abeja en su brazo, llegó corriendo a mi lado y llorando a más no poder por el dolor.

Recordé que había un punto en que se ponían los imanes para casos de picaduras de insectos. Le dejé los imanes por 15 minutos y después de eso mi hija se fue corriendo a jugar de nuevo. Ya no le dolía y el punto de la picadura sólo quedó con una mancha oscura, sin hinchazón ni molestia mayor.

Este hecho terminó por convencerme que yo tenía que convertirme en terapeuta en Biomagnetismo y así lo hice.

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