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“Tengo instintos mamíferos como una madre que acaba de parir”

por | Jul 6, 2018 | Historias Reales 2 | 0 Comentarios

Jonathan Muñoz, licenciado en Teología, relata a Mundo Papá su camino de aprendizaje como padre de Agustín y Sofía.

El licenciado en Teología y pastor a tiempo integral en una iglesia protestante desde hace 12 años, Jonathan Muñoz, relata a Mundo Papá en esta columna su camino de aprendizaje como padre de Agustín y Sofía.

Cuando Agustín nació yo tenía 26 años y cuando nació Sofía yo tenía 28. En otras palabras, a medida que voy intentando aprender a ser un hombre adulto y responsable voy también aprendiendo a ser papá.

En gran medida me he ido conociendo a mí mismo mientras ellos crecen. Entre las cosas que aprendí de mí está el que tengo instintos mamíferos casi como los de una madre que acaba de parir. Hace 12 años jamás habría imaginado eso de mí. Hoy soy simplemente fanático de los besos, abrazos y arrumacos de mis hijos. Reconozco y siento placer en el olor de sus cabezas sudadas cuando vuelven de jugar toda una tarde de verano con sus amigos.

Detesto que me den un beso seco y apurado en la mejilla al saludarme o despedirse, cuando eso ocurre les reclamo “deme un beso bien dado”, con eso quiero decir que se demoren en dejarme la mejilla húmeda… y ellos ya lo entienden. Agustín lo hace y se va. Sofía se aprovecha, se cuelga de mi cuello y me aprieta con fuerza.

Cierta vez tuve una pesadilla: soñé que Agustín no me dejaba darle un beso y me decía “no papá. Ya tengo 14 años, déjame tranquilo”. Yo me angustié mucho y desperté triste y asustado, casi llorando. En ese tiempo él tenía sólo 10 años así que desde entonces todos los días lo beso porque no sé por cuánto tiempo más él me permita hacerlo.

Y así vamos creciendo, ellos y yo: prefiriendo ver una película abrazados bajo la manta, tomándonos de la mano para cruzar la calle (aunque ellos ya sean niños grandes y la calle no tenga nada de peligrosa), sobreviviendo el invierno como si fuera una glaciación: pasando las mañanas de sábado todos juntos en la misma cama que mi esposa, tan sabiamente, escogió de tamaño King.

4 años de estudios intensivos en Teología no me enseñaron lo profundamente espiritual que pueden llegar a ser la piel y los besos. Pero Dios, que es Padre eterno y perfecto, me dio a mis hijos para enseñarme una de las lecciones más valiosas de mi vida.

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