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“Tener mellizos es agotador, pero es lo mejor que me ha pasado”.

por | Ago 10, 2018 | 0 Comentarios

Francisco Javier del Pozo, Ingeniero Forestal y dueño de la Joyería Online www.lajoyeria.cl, cuenta a Mundo Papá su experiencia con sus hijos Borja y Amalia.

El Ingeniero Forestal y dueño de la Joyería Online www.lajoyeria.cl, Francisco Javier del Pozo, cuenta a Mundo Papá cómo es ser padre de mellizos en la siguiente columna.

Mis niños nacieron producto de un tratamiento en que le implantaron a mi señora dos óvulos fecundados, así que la posibilidad de tener mellizos era bien alta. Borja y Amalia, mis mellizos, se quedan conmigo durante el día, ya que soy independiente, y eso me permite poder estar con ellos. Los levanto, les doy su leche y me los llevo a mi oficina, para volver en la tarde a la casa y juntarnos con mi señora, que tiene un trabajo más tradicional.

Tener mellizos es un cambio grande, ya que no tenía hijos, y de un minuto a otro tener dos, es agotador, pero al mismo tiempo es lo mejor que me ha pasado. He tratado de no alterar mis actividades, pero evidentemente el tiempo que demandan es mucho y por ello hay cambios también, pero no todo es demanda, lo que te entregan es maravilloso también, y por lo mismo cuando no estoy con ellos los extraño todo el rato. Para resumir, diría que es demandante, habrá cambios, pero vale la pena, y no lo cambiaría por nada.

Rara vez se entretienen separados, quieren jugar con las mismas cosas. Si uno quiere estar en brazos, el otro también lo pedirá, así que hay que tener paciencia y una buena condición física para poder andar con dos niños en los brazos. Todo es doble, dos comidas, dos postres, hacer dormir a dos niños, etc., y todo al mismo tiempo.

El momento de nacimiento de ambos la verdad es que fue muy complejo. Mis niños nacieron de 27 semanas, prematuros extremos. Pesaron poco más de un kilo y midieron 30 centímetros. Los dos niños presentaron complejidades y estuvieron hospitalizados en la UCI de neonatología de la Clínica Indisa varios meses. Para empezar no podían respirar por sí solos, ya que sus pulmones se terminan de desarrollar a las 30 semanas, así que siempre tuvieron apoyo de oxígeno.

A la semana de vida mi hijo (Borja) tuvo que ser operado producto de una perforación en su intestino (se le tuvo que sacar un pedazo de intestino), por lo que el recto quedó separado de su intestino, y todos sus desechos salían por una bolsita que le colocaron en su guatita, junto al ombligo. Y ahí existió todo un tema con la alimentación, para encontrar la fórmula correcta y que subiera de peso con el fin de que pudieran volver a unir el intestino al recto, cosa que pasó recién después de casi 3 meses.

Y mi hija (Amalia) parecía avanzar bien en su crecimiento, hasta que le hicieron una ecografía cerebral y encontraron que presentaba derrames intracraneales de grado 1 a 2 (hay 4 grados, siendo el grado 4 el más grave). En ese minuto nos dijeron que estuviéramos tranquilos y que no había nada que hacer, solamente debíamos esperar a que este derrame no continuara y que las consecuencias a futuro se verían cuando la niña fuera más grande, pero que los derrames de grado 1 a 2, en general tenían buen pronóstico.

A la semana siguiente volvieron a realizar el examen, y encontraron que los derrames habían continuado y que la situación ahora era mucho más seria, ya que se encontraba en un grado 4. Ese fue el momento más difícil que nos tocó pasar junto a mi señora, porque el pronóstico era muy malo y la posibilidad que hiciera una hidrocefalia y todo lo que ello conlleva, era muy alta. En ese minuto uno empieza a investigar por internet y se da cuenta que el futuro se ve realmente muy malo y que la probabilidad de que muera o quede con daño cerebral grave es muy alta.

En ese minuto nos aferramos a la fe, la verdad es que rezamos mucho, se hicieron cadenas de oración y un par de semanas después, le volvieron a realizar el examen y se dieron cuenta de que había una mejoría y los derrames empezaban a ser reabsorbidos. Finalmente a la Amalia la dieron de alta a los 50 días, la tuvimos que llevar a la casa con oxígeno, pero al mes, se determinó que ya no era necesario y que ella estaba respirando bien por sí sola.

Ahora ella está muy bien, y en el último examen que le realizamos a su cerebro, no quedan rastros del derrame, sólo una pequeña cicatriz, y es una niña absolutamente normal para su edad. Y en cuanto a mi hijo, finalmente después de casi 3 meses de nacido, se pudo realizar la reconstitución del aparato digestivo con éxito y pudimos estar los 4 juntos el día 31 de diciembre del 2016.

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