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“Mi meta ha sido crear en mis hijos un pensamiento autónomo”

por | Jul 27, 2018 | Historias Reales 2 | 0 Comentarios

Carlos Vivanco Herrera, creador del ministerio Ciudades de Refugio y de la fundación del mismo nombre, cuenta a Mundo Papá su experiencia con Natán, Thamar y Caleb.

Carlos Vivanco Herrera, creador del ministerio Ciudades de Refugio y de la fundación del mismo nombre, pastor titular por más de 11 años de la iglesia Hermandad Pentecostal en la comuna de La Pintana, cuenta a mundo Papá su historia protagonizada por sus tres hijos, nacidos de su matrimonio con Myriam Novoa Peña, que ya cumplió 26 años de vida.

La noticia de que iba a ser padre me llegó temprano en la vida y, sin embargo, no recuerdo alguna época tan feliz como la de saber que venía en camino alguien que pronto me llamaría “papá”.

No entendía mucho sobre las responsabilidades que esto implicaba, no sabía aún de las noches en vela que tendría que pasar, ni de los viajes al médico a mitad de la noche, ni de compras de última hora buscando la farmacia de turno. Tampoco me advirtieron de “complementos nutricionales” que tendría que comprar, incluso a costa de mi pequeña biblioteca personal.

Cuando me llegó la noticia, sólo entendí la parte bonita, omitiendo de manera inconsciente de la otra parte (cosa que luego más tarde pasó a convertirse en “consciencia”), porque sólo quería tener la dicha de saberme padre de quien sería mi primer hijo.

De eso ya han pasado 25 años, y a mi hijo Natán, le siguieron Thamar (18) y Caleb (13), tres vidas distintas, tres mundos diferentes. Cada uno con sus sueños e inquietudes, luchando por encajar en un mundo que no entendían y que, como papá, he tenido que presentarles de la mejor manera. No hay experiencia que sirva entre uno u otro, cada uno es único, con sus propias aspiraciones, temores e ideales.

La oportunidad de estar en el parto con mi esposa, sólo se dio con los dos últimos, ya que, en el año 1992, cuando nació mi primer hijo, todavía no daban el permiso para entrar a pabellón. Fueron experiencias inolvidables, que me ayudaron a entender mejor a mi esposa. Verles salir, ser el primero en cargarlos, limpiarles su sangre, sus grasitas, vestirles por primera vez… fue amor a primera vista. (¿quién dijo que no existía?).

Como principio, he querido pasar no sólo tiempo en familia, sino también, de tiempo en tiempo, con cada uno de ellos de manera individual, darles un tiempo para tener conversaciones intimas, para poder escuchar sus inquietudes, lejos de las presiones que nos transmite el entorno.

Nadie te enseña a ser papá, todo lo que vas haciendo, lo haces más por intuición que por otra cosa. En el camino uno se va curtiendo, aprendiendo de las circunstancias, y de los mismos pequeños que te mueven de acuerdo a sus necesidades y urgencias. Siempre está el consejo bien intencionado de quienes te estiman, pero tienes que ser muy juicioso a la hora de aplicarlo.

La parte más compleja de aprender en este camino, ha sido el aceptar de que son vidas independientes de uno, que estamos aquí sólo para tender un puente entre lo que son y lo que llegarán a ser. Una vez asimilado esto, mi meta ha sido crear en ellos un pensamiento crítico, autónomo, que sea capaz de analizar el mundo que les rodea.

 

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