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Los beneficios del yoga padre-hijo(a)

por | May 21, 2018 | Columnista Camila González

Camila González, Instructora de Yoga Infantil y Hatha Yoga.

Cuando hablamos de yoga, se nos viene inmediatamente a la cabeza una práctica individual, de relajación, donde el cuerpo es el mayor beneficiado en la disciplina, sin embargo, si nos vamos a la etimología de la palabra podemos encontrar que su raíz viene del verbo sánscrito “yuj” o “iush”, colocar el yugo a dos bueyes, derivando finalmente en unión, desde aquí podemos entender que es una práctica que busca una unión entre mente, cuerpo y espíritu, lo que nos permite trascender a muchas esferas de nuestras vidas.

En la actualidad existen un montón de factores que nos impiden una comprensión total del ser (trabajo, obligaciones, estudios, deudas, entre otras) y más aún, nos van alejando de nuestros cercanos, no es extraño que nos sea complejo expresar las emociones con nosotros mismos y los que nos rodean, muchas veces los principales afectados son nuestras crías, comúnmente cada quien tiene sus propias actividades recreativas y son pocos los puntos de encuentro que nos hacen desconectarnos de lo cotidiano.

Ahora, imagina olvidar durante una hora que tienes todos esos asuntos en tu cabeza y sólo experimentar el presente, sin una gran pretensión de resultados, sólo disfrutar de una sonrisa, un abrazo, un momento de juego y echar a volar tu imaginación como si fueras nuevamente un niño o una niña. Esto es lo que propone el yoga padre (o madre) e hijo(a), nos invita, a los adultos, a quitar inhibiciones en un contexto de confianza, donde el adulto es igual al infante, reconectarnos con nuestra propia niñez y de este modo comenzar a comprender la visión de nuestros hijos, esa manera lúdica de aprender que vamos perdiendo u olvidando a medida que pasa el tiempo.

Para niños y niñas los beneficios del yoga son múltiples, pero principalmente, durante estas prácticas se busca el compartir espacios con sus padres, aprendiendo o reafirmando valores como el respeto, la empatía, el amor hacia ellos mismos y otros, aún cuando las primeras experiencias no son fáciles, pues tendemos a poner límites a nuestros hijos e hijas, buscando imperiosamente una práctica perfecta, lo que resulta como el principal obstáculo durante las prácticas, con el tiempo nos vamos dando cuenta que cada persona tiene sus tiempos de aprendizaje, por lo tanto es imprescindible olvidar nuestros prejuicios como mayores y entregarnos a esa libertad que nos entregan nuestros pequeños.

En mi propia experiencia el yoga nos ofrece las herramientas físicas y psíquicas para que esto suceda, da el espacio para entender quién soy, cuáles son mis debilidades, mis facultades y poder derribar aquellas barreras que no permiten una clara comprensión de mí y mi entorno, asimismo, nuestros hijos son parte de nosotros y nosotros parte de ellos, somos su ejemplo y modelos a seguir, podemos retarlos, marcarles límites, entregarles nuestra aprobación o desaprobación, pero lo que ellos ven en nosotros es lo que realmente marca sus vidas, si ven que somos seres indolentes y violentos, probablemente asuman esto como un comportamiento normal y lo lleven a su diario vivir, si nos ven respetuosos y con capacidad de expresar amor, lo más seguro es que no tengan miedo a sentir y decir aquello que les emociona, lo que se traduce en niños más seguros y autónomos.

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