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“Los adultos dan poco espacio al fracaso o error de los niños”

por | Ago 2, 2018 | El Buen Dato | 0 Comentarios

El profesor de la Universidad de Valencia de España, Andrés Payá, lamentó en Mundo Papá que las extensas jornadas laborales impidan a los padres enseñar a sus hijos a través del juego.

Gracias al a veces mirado en menos tiempo de juego, la infancia puede ensayar y ejercitar diferentes habilidades, competencias y aptitudes necesarias y propias de una educación integral. Esto es, por medio del “ensayo y error”.

En entrevista con Mundo Papá, el profesor de la Universidad de Valencia de España, Andrés Payá, afirma que “la educación intelectual (aprender a pensar), la educación social (aprender a ser), la educación creativa (aprender a imaginar) y también la educación física (desarrollo corporal), pueden encontrar en el juego el ‘caldo de cultivo’ ideal, al mismo tiempo que la diversión y el placer centran dicha actividad”.

¿Piensa que los padres están utilizando poco el juego en el desarrollo de sus hijos?

Depende mucho de la edad de los hijos. Al principio, los padres dedican mucho tiempo y materiales (juguetes) a favorecer y estimular el juego infantil. Sin embargo, desafortunadamente, a medida que los hijos van creciendo, cada vez se le da menos importancia y tiempo al juego. En el mejor de los casos, éste acaba siendo sustituido por el deporte.

¿Las extensas jornadas laborales son un factor relevante en el sentido de impedir el juego entre padres e hijos?

Por supuesto que sí. Los padres tienen unas largas jornadas laborales que hacen difícil no solamente la conciliación familiar sino la posibilidad de dedicar un tiempo de calidad al juego con los hijos. Lo mismo sucede con los niños y las actividades extraescolares, que acaban ocupando las agendas de la infancia dejando poco espacio para el juego con sus iguales o con sus progenitores.

¿Cree que los niños hoy tienen demasiadas presiones de exitismo que les hacen perder parte de su infancia?

Desde hace ya más de una década se viene observando una reducción de la infancia, una disminución importante del tiempo en el que un niño actúa como tal y se dedica a las actividades propias de su edad. Dentro de este proceso de “adultización”, forma parte la presión social y familiar por triunfar, ser un pequeño adulto, en miniatura exitoso y, lo que es peor, con poco espacio para el fracaso o el error.

¿Qué le parece que incluso existan preuniversitarios o coaching para niños, con el fin de prepararlos para entrar a colegios de excelencia?

Sinceramente, una barbaridad. Para nada creo que la calidad o la excelencia esté en unos resultados académicos brillantes en los que las competencias emocionales, sociales, lúdicas, creativas… queden supeditadas al éxito escolar, entendido como mejora de la futura empleabilidad. Los niños han de tener tiempo para ser niños y han de comportarse como tales.

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